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España, destino tercer mundo

  • Escrito por  Gerardo Fernández - SOV Oviedo
España, destino tercer mundo

 «No se hicieron las revoluciones con palmas al aire ni con consignas ilusorias sino con adoquines y sangre. Corríjanme, pero no conozco ni una sola revolución que haya triunfado a base de lemas y buenas intenciones. Desde la americana hasta la soviética, o la reciente de la primera árabe, todas han derramado un generoso caudal de sangre. Queridos amigos del 15-M, los niños galeses no salieron de las minas en el siglo XIX porque los potentados sintieran lástima de sus caritas tiznadas y de los lamentos de sus progenitores. Hubo huelgas, quema de propiedades, cargas policiales y sangre. Y lo mismo sucedió con la abolición de la esclavitud y con cada uno de los derechos laborales conquistados en el siglo pasado. Uno por uno. A fuerza de disfrutar de esos derechos en el mundo occidental nos hemos creído que eran gratis, que estaban incluidos en el contrato. Bastaba con nacer y ya los tenías garantizados. Por eso, ni siquiera nos hemos planteado cómo defenderlos si se ponían en peligro. Como dije al comienzo de este libro, hemos vivido un paréntesis de prosperidad general, una excepción de cuatro o cinco décadas que nos hemos creído norma. Este período de comodidad nos impide ahora reaccionar ante el capitalismo de rostro duro que se avecina, al que las manifestaciones y las marchas simbólicas no le van a arredrar para arrebatar de un hachazo todos esos derechos sociales que tanto costaron conseguir. No lo tomen como una incitación a la violencia. Es, simple y llanamente, la constatación de una realidad histórica: sin violencia no hay revolución. Y aún estamos demasiado acomodados para lanzarnos a la calle con una piedra en la mano.»

Ramón Muñoz, periodista en “El País”, publicaba en 2012 un libro con el título de este artículo donde anuncia un negro futuro para este país. Dice que es probable que España viva un corralito (la restricción para sacar dinero), seguido del corralón (el fin del euro y la vuelta a la peseta). El paso del euro a la vieja peseta no podría hacerse sin limitar por un tiempo la salida de dinero de los bancos para evitar la fuga masiva de depósitos, es decir, estableciendo un corralito. El guión sería lo sucedido en diciembre de 2001 en Argentina cuando se impidió que los clientes sacaran más de 250 dólares por semana. Al cabo de un año, el gobierno derogó la convertibilidad automática entre peso y dólar (relación 1 a 1), lo que produjo una devaluación del peso y el empobrecimiento general de los ahorradores. Para evitar la devaluación y proteger los ahorros propone varias opciones, no exentas de inconvenientes, como serían:
a) Abrir una cuenta en divisas en un banco nacional.
b) Abrir una cuenta en un país seguro de la eurozona como Alemania.
c) Abrir una cuenta en Suiza.
d) Bajo el colchón o en cajas de seguridad de los bancos.
e) Invertir en oro.

Para Muñoz, la causa de la crisis estaría en que no producimos nada. Somos un país de servicios y un país de funcionarios con 3’13 millones, si se incluyen las empresas públicas según la EPA de 2012. El número de funcionarios se ha casi triplicado desde el inicio de la transición. Quienes insisten en la desaparición del Estado deberían mirárselo. El Estado se convertirá según el autor en la mayor inmobiliaria que haya existido, y en el mayor vendedor de pisos y de suelo de la historia. Contra lo que se oye en los medios oficiales, ni siquiera el turismo sería ya un creador masivo de puestos de trabajo, aunque a esa actividad se dedican unos 2’5 millones de personas. No hay más que ver el alto nivel de paro de las Islas Canarias. Internet es un invento genial pero ni da trabajo ni paga apenas impuestos. Facebook declara 15 millones de usuarios en España pero cuenta con sólo dos empleados en nuestro país.

La abultada deuda estatal de los bancos y empresas y de las familias en España sería desmesurada: en torno a los 4 billones de euros. Las soluciones de la derecha y de la izquierda no cuentan por distintas razones con la aprobación de Muñoz.

O resignación o revolución. El autor no es optimista

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