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El carácter instrumental del fin (?) del empleo a tiempo completo

  • Escrito por  blackgcat
El carácter instrumental del fin (?) del empleo a tiempo completo

La transformación violenta del capitalismo que estamos viviendo en los últimos años constituye un pretexto estratégico para el avance del desmantelamiento de las relaciones laborales, lo que se refleja, entre otros, en la superioridad de las formas flexibles de trabajo, así como del empleo a tiempo parcial y del trabajo rotativo en lugar del trabajo como lo conocemos. Al mismo tiempo, sin embargo, la instrumentalidad de esta condición hacer reavivar, a través de la reproducción del miedo (por ejemplo a causa del desempleo) y de la inseguridad (por ejemplo, a causa de la desregulación de la reivindicación colectiva), la imposición de un único mecanismo político-ideológico como vía única.

El desmantelamiento de las relaciones laborales no es el resultado de la crisis, pero sí es un mantra de la hegemonía de la doctrina económica neoliberal. Los cambios en el proceso de producción y la transición de los modelos de trabajo flexible fordistas a los postfordistas, han marcado también la transición del trabajo permanente y garantizado al precario y flexible, con el aumento del subempleo y el desempleo, y con la redistribución de la división del trabajo. Las políticas laborales han seguido el camino de la hegemonía neoliberal, reduciendo el costo de la mano de obra, aumentando, sin embargo, a la vez la productividad, o sea que han profundizado la explotación de la fuerza de trabajo. El marco institucional de la función del mercado de trabajo conformó políticas de flexibilidad, con respecto al tiempo y la forma de trabajo (formas de empleo flexibles, empleo a tiempo parcial, trabajo rotativo, subcontratas, contratos temporales, etc.), así como respecto a los salarios y las negociaciones (reducción del salario mínimo, predominancia de los contratos individuales en comparación con los colectivos).

En Grecia [1] , con el pretexto de la crisis, han tenido lugar grandes cambios en la legislación laboral. Se trata de unos cambios que están en plena concordancia con el espíritu (concepto) anteriormente mencionado, con la “precariedad” del trabajo y la desregulación de las negociaciones colectivas. Es ilustrativo el hecho de que, según los datos oficiales, de 2008 a 2012 la contratación de trabajadores a tiempo parcial presenta un aumento que llega al 161,21%, el trabajo rotativo aumentó un 151,6%, mientras que los contratos indefinidos convertidos a tiempo parcial y rotativo aumentaron un 214,96%. El período entre septiembre 2013 y marzo de 2014, es el primero en que las contrataciones a tiempo parcial son más que las de tiempo completo. Desde entonces su porcentaje va aumentando. En resumen, los trabajadores indefinidos son sustituidos por precarios, es decir, por mano de obra barata, cuyo empleo puede ser que no se rija por el Derecho laboral, mientras que las características del trabajo formal son salarios reducidos y los derechos eliminados. Hay que destacar la imposición a clase trabajadora de esta situación, el 62,6% de los contratados “a tiempo parcial” han declarado que han sido forzados a trabajar a tiempo parcial, pués no pueden encontrar trabajo a tiempo completo.

Al mismo tiempo, se ha establecido un cambio en la legislación laboral no sólo hacia la protección de la flexibilidad en el trabajo, sino también hacia la individualización de los trabajadores. En realidad se ha impuesto la abolición de las negociaciones colectivas con el predominio no de los convenios empresariales sobre los sectoriales, sino de los individuales sobre los colectivos. De acuerdo con datos del Ministerio de Trabajo, en 2008 había 161 convenios sectoriales o interprofesionales, que cubrían a casi todos los trabajadores del sector privado.

En la actualidad solo 18 convenios colectivos están activos. Un 85% de los asalariados se rigen ya sea por convenios empresariales o por contratos individuales. Al mismo tiempo, se estima que en los últimos cinco años se han firmado 1.540 convenios empresariales con reducciones salariales del 10% al 50%. La gestión de la mano de obra por el gobierno del Syriza no es diferente, tal como se evidencia en la lista de reformas enviadas por el gobierno a las denominadas ya “instituciones”, al comprometerse Grecia – entre otras cosas- a “ampliar y desarrollar los planes existentes que proporcionan un empleo temporal a los desempleados, en colaboración con los “agentes sociales”, y esto siempre y cuando lo permita la situación fiscal. Al mismo tiempo Grecia se compromete a actualizar (mejorar) los proyectos de formación de los desempleados de larga duración, así como “proceder progresivamente a una nueva aproximación a los convenios colectivos, manteniendo el equilibrio entre la flexibilidad y la justicia”…

Sin embargo, lo importante es examinar lo anteriormente citado desde el punto de vista de su uso instrumental. Las políticas laborales neoliberales que están asociadas con las formas de empleo flexibles tienen como pretexto la lucha contra el desempleo. De hecho constituyen un caballo de Troya que mediante el debilitamiento de la unidad obrera y las reivindicaciones colectivas, echan los cimientos de la reproducción de la hegemonía neoliberal. El retroceso del trabajo normal (como es conocido) ante las nuevas formas de empleo a tiempo parcial y precario, contribuye a la fragmentación de la unidad de la clase, y desestabiliza la coherencia de la clase obrera (por ejemplo, con la exclusión de los trabajadores precarios de los sindicatos burocráticos), sobre todo contra un Capital bien organizado y unido.

Hacia esta dirección se dirige la competencia interclasista, ya que los trabajadores que llevan muchos años trabajando y son “caros” son sustituidos por empleados “flexibles y baratos”. No sólo hay una producción de trabajadores a varias velocidades, sino que ellos son los que trabajan en las empresas. El debilitamiento de la unidad de clase, la competencia y el dominio del temor generado por la individualización a través de la desregulación de las negociaciones colectivas, erosiona la colectividad. Lo anteriormente citado influye también en el empleo normal, comprimiendo el contenido de las relaciones laborales.

Lo más importante ya, es que las políticas neoliberales han sido consolidadas como una forma general de pensamiento. Incluso el sindicalismo “aceptó” el discurso neoliberal de la crisis en la gestión instrumental del trabajo, se ha apropiado de él y lo reproduce, asumiendo sus términos (por ejemplo, la definición del desempleo, las estadísticas, los programas, etc.). Es deber de la clase obrera conferir un nuevo significado a los conceptos, empleando sus propios términos, volver a conectar las luchas obreras diarias usando términos políticos, con el fin de cambiar el equilibrio de fuerzas y de las relaciones sociales en beneficio del movimiento obrero y en perjuicio del Capital, y redefinir dichos términos sobre la base de las necesidades de la clase trabajadora y la lucha de clases, poniendo en duda el discurso instrumental del Capital: Esto constituye una acción política.

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[1] Situación muy semejante, por no decir igual, a lo que ha sucedido y sucede en el estado español. Nota del traductor.

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